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Kit de supervivencia para MTB: qué llevar en la mochila


No todas las salidas en bicicleta de montaña requieren llevar un kit de supervivencia. Pero la cosa cambia cuando nos adentramos en rutas de larga distancia, travesías de montaña, recorridos por territorios poco habitados o jornadas en las que podemos pasar muchas horas lejos de cualquier población.




En estas situaciones, una avería mecánica, una caída o un cambio inesperado de la meteorología pueden complicarnos mucho las cosas. Lo que inicialmente iba a ser una jornada de pedaleo puede terminar convirtiéndose en una espera de varias horas, o incluso en una noche en la montaña.


Por eso, cuando planificamos este tipo de aventuras, conviene pensar más allá de las herramientas para reparar nuestra bicicleta. También debemos llevar algunos elementos que nos permitan protegernos del frío, orientarnos, conseguir agua potable o pedir ayuda si algo sale mal.



Este es el kit de supervivencia que recomendamos llevar en nuestras rutas de MTB.



Manta térmica: apenas pesa y puede salvarte de una hipotermia



Es uno de esos elementos que deberían estar siempre en cualquier mochila de montaña. Una manta térmica de emergencia pesa muy poco, cuesta unos pocos euros y puede resultar fundamental si sufrimos una caída, nos quedamos atrapados en una zona expuesta o tenemos que esperar durante horas a los equipos de rescate.


Su función principal es reducir la pérdida de calor corporal y protegernos del viento y la humedad. También puede ayudar a mantener la temperatura de una persona accidentada mientras llega la asistencia.


Conviene aclarar algo: las mantas térmicas no funcionan simplemente dando calor por tener una cara dorada y otra plateada. El color que debemos colocar hacia fuera no determina por sí solo que vayamos a calentarnos o refrigerarnos. Lo importante es utilizarla correctamente para protegernos de las condiciones ambientales.


En caso de hipotermia, también es fundamental aislar a la persona del suelo, protegerle la cabeza y añadir ropa o materiales aislantes si disponemos de ellos. Una manta térmica no sustituye a una prenda de abrigo, pero si ayuda a evitar que el calor se escape, protegernos del viento o incluso de un sol intenso. 


 Una luz MTB: imprescindible si se hace de noche



Este elemento debería estar incluso por delante de algunos accesorios más exóticos de supervivencia. Una ruta que se alarga más de lo previsto, una avería mecánica o una caída pueden obligarnos a continuar caminando cuando ya ha anochecido.

Lo recomendable es llevar un pequeño foco MTB, preferiblemente recargable. Nos permitirá tener las manos libres para reparar la bicicleta, buscar material en la mochila o caminar por un sendero complicado. Este elemento es imprescindible incluso si solemos salir por las tardes durante el invierno, donde la luz solar se va mucho antes. 



Brújula y mapa: no dependas exclusivamente del GPS



Los dispositivos GPS y los teléfonos móviles han cambiado nuestra forma de explorar la montaña. Podemos seguir tracks, consultar mapas detallados y conocer nuestra posición con bastante precisión. Pero tienen un inconveniente: dependen de una batería y pueden fallar justo cuando más los necesitamos.


Una brújula ocupa muy poco espacio y no necesita electricidad. Combinada con un mapa de la zona, nos proporciona un sistema alternativo para orientarnos si nuestro dispositivo deja de funcionar.


Eso sí, no basta con llevarla. Hay que saber utilizarla y conocer algunos conceptos básicos de orientación. Una brújula sin conocimientos puede servir de muy poco cuando estamos desorientados. Para rutas alejadas de zonas conocidas, lo recomendable es descargar previamente los mapas en el GPS o móvil y llevar una alternativa física.



 Un silbato de emergencia: pequeño, barato y muy útil




Cuando sufrimos un accidente o nos perdemos, conseguir que nos localicen puede convertirse en uno de los mayores problemas. Gritar durante mucho tiempo consume energía y nuestra voz puede quedar fácilmente apagada por el viento, la distancia o el ruido del entorno.


Un silbato permite emitir señales acústicas mucho más fuertes y reconocibles, con un esfuerzo mínimo. Es especialmente útil si nos encontramos en una zona boscosa, en un barranco o detrás de algún desnivel donde los equipos de rescate no pueden vernos.


Algunas mochilas de hidratación ya incorporan uno en su cierre pectoral. Si la tuya no lo lleva, puedes añadir uno de emergencia al propio material de la mochila.



 Un filtro de agua 



Quedarnos sin agua durante una ruta puede convertirse en un problema serio, especialmente durante los meses de verano. En la montaña podemos encontrar arroyos, fuentes y pequeños cursos de agua, pero que el agua tenga buen aspecto no significa que sea segura para beber.


Un filtro portátil puede ser una buena solución de emergencia. Existen modelos muy compactos que se conectan directamente a una botella o permiten beber a través de una pequeña pajita filtrante. Algo muy útil si somos aficionados a realizar rutas alpinas en verano donde no pasamos por poblaciones y solo tenemos acceso al agua a través de arroyos o pequeños lagos. 


Muchos filtros eliminan bacterias y protozoos, pero no todos protegen frente a virus o contaminantes químicos. Por eso debemos comprobar qué microorganismos es capaz de retener cada modelo antes de confiar en él.


En cualquier caso, estos dispositivos son un recurso de emergencia, no una excusa para salir con menos agua de la necesaria.





 Navaja multiusos: mucho más que una herramienta para la bicicleta



Todos los aficionados al MTB solemos llevar alguna herramienta para solucionar problemas mecánicos: desmontables, tronchacadenas, llaves Allen o un pequeño multiherramienta.


Pero una herramienta específica de supervivencia puede ofrecer otras posibilidades.


Una navaja multiusos con tijeras, hoja, pinzas o pequeña sierra puede resultar útil para distintas tareas durante una emergencia. Desde cortar un cordón hasta manipular materiales para improvisar una protección frente al viento.


No hace falta llevar una herramienta enorme de supervivencia. Un modelo compacto, de calidad y que conozcamos bien será suficiente para la mayoría de situaciones que podemos encontrarnos durante una ruta.



Cordino o cuerda fina: un accesorio con muchas posibilidades



Un pequeño cordino puede ocupar muy poco espacio y tener diferentes aplicaciones. Puede ayudarnos a sujetar material, improvisar un sistema para mantener una manta térmica en su sitio o asegurar objetos que necesitemos transportar.Incluso pude servirnos para sujetar alguna pieza rota de nuestra bicicleta.



 Batería externa y teléfono móvil: tu conexión con el exterior



Hoy en día, el móvil es una de las herramientas de seguridad más importantes que llevamos encima. Nos permite consultar mapas, utilizar aplicaciones de navegación, compartir nuestra ubicación y contactar con los servicios de emergencia.


En España, ante una emergencia debemos llamar al 112.


El problema es que las rutas largas, el frío, el uso continuado del GPS y las fotografías pueden agotar rápidamente la batería.


Una batería externa pequeña puede proporcionarnos energía adicional para seguir utilizando el teléfono cuando más lo necesitamos. También conviene llevar un cable compatible y proteger ambos dispositivos de la humedad. A día de hoy algunas ebikes llevan puertos de carga donde podemos cargar nuestros móviles. 


Antes de salir, descarga los mapas de la zona para utilizarlos sin conexión y comprueba que tienes batería suficiente.

Si frecuentas zonas muy aisladas, también puedes valorar un comunicador por satélite con función SOS. Es un dispositivo más caro, pero permite disponer de una alternativa de comunicación cuando no existe cobertura móvil, siempre que haya visibilidad y condiciones adecuadas para la conexión por satélite.


Un pequeño botiquín y comida de emergencia



Una caída puede provocar desde una pequeña herida hasta una lesión que nos impida continuar pedaleando. Por eso, llevar un botiquín básico es una buena costumbre, especialmente en rutas de enduro o por senderos alejados de poblaciones.


No necesitamos transportar un botiquín enorme. Podemos preparar uno compacto con:


- Gasas estériles y apósitos.

- Tiritas y vendas.

- Esparadrapo.

- Guantes desechables.

- Toallitas o material para limpiar heridas.

- Tijeras pequeñas y pinzas.


También es recomendable llevar algo de comida adicional que no dependa de nuestra planificación habitual: barritas energéticas, frutos secos o geles.


Si una avería o un accidente nos obliga a permanecer varias horas en la montaña, disponer de algo de alimento puede ayudarnos a conservar energía y afrontar mejor la situación.



 Una prenda impermeable o de abrigo



Puede parecer evidente, pero muchos ciclistas salen con la ropa justa para las condiciones que encuentran al comenzar la ruta.


El problema es que la meteorología puede cambiar rápidamente en la montaña. Una tormenta, el viento o una caída de temperatura pueden convertir una salida agradable en una situación complicada.


Una chaqueta impermeable ligera, un cortavientos o una capa térmica compacta pueden resultar mucho más útiles que algunos accesorios de supervivencia que rara vez utilizaremos.


Hay que adaptar esta parte del equipamiento a la estación, la altitud y las condiciones meteorológicas previstas.



 ¿Y llevar un pedernal para hacer fuego?



Los pedernales o encendedores de emergencia son habituales en los kits de supervivencia. Permiten generar chispas y encender materiales adecuados cuando se conocen las técnicas necesarias.


En España existen restricciones importantes sobre el uso del fuego en el monte, especialmente durante las épocas de mayor riesgo de incendios. Además, encender una hoguera sin conocimientos, en condiciones de viento o cerca de vegetación seca puede provocar un incendio. Es un elemento nada recomendable de usar sin conocimientos y sin tener un lugar seguro donde aplicarlo. 




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